Aceptar no es sinónimo de resignarse

aceptar.jpgAceptar no es sinónimo de resignarse por más que muchas personas tengan la creencia limitante de que si lo es.

La aceptación de una nueva realidad, un error o la necesidad de cambio; no tiene para nada que ver con la resignación.

La semana pasada me llamó un antiguo cliente para contarme lo bien que se encontraba ahora y en los proyectos que se encuentra inmerso; algo de lo que dudaba hace años atrás.

Gracias a esa llamada me surgió la idea de plasmar en un artículo una experiencia real sobre este tema, mediante el cual te mostraré el beneficio de saber aceptar las nuevas realidades, y lo que sucede cuándo no la aceptas y te resignas.

Resulta que hace seis años atrás este cliente que me llamó la pasada semana, se puso en contacto conmigo (con el cual había hecho un proceso de coaching un par de años atrás) para comentarme que a su amigo de siempre y a él los habían despedido de la empresa multinacional en la que trabajaban.

Ante esta nueva situación necesitaba tener unas sesiones conmigo para ver cómo iba a enfocar su nueva vida porque se encontraba perdido pero a su vez tenía muchas ideas que ordenar.

Tuvimos varias sesiones en las cuáles surgieron ideas, descubrimientos y finalmente optó por un nuevo proyecto propio, creó un plan y se puso en marcha. 

A las pocas semanas de haber terminado el proceso, me llamó su amigo para conversar conmigo y ver si le interesaba mi aportación como Coach. Pero lo que le impulsó realmente a llamarme, era saber por qué su amigo había cambiado tanto (para bien) y él no lograba arrancar.

Nos reunimos de manera informal, es decir, una primera toma de contacto. Esta persona para mi sorpresa estaba rendido y resignado; le escuchaba hablar y era como si delante de mí tuviese a una persona “muerta en vida”.

No paraba de quejarse, lamentarse, culpabilizar al CEO de la empresa, echarse flores constantemente y desprestigiar a todo aquel que nombraba. Me dijo que no le interesaba nada de coaching ni nada parecido porque tanto él como su amigo estaban acabados (muy contundente su saboteador) pese a que su compañero intentaba enmascarar la situación.

La llamada que recibí la pasada semana de mi antiguo cliente me hizo mucha ilusión, porque pasaron cinco años de la última vez que hablamos. Y constaté que esta persona era una versión muy mejorada de la que conocí cuándo era un alto directivo de la empresa en la que trabajaba y cuando le despidieron años después.

En dicha conversación le pregunté por su amigo (el escéptico y derrotado), y me dijo: “está cada vez peor, casi ni sale de su casa, vive sentado en el sillón mirando tele y navegando por internet, hace algunos “trabajillos”… pero da muy mala sensación y la verdad que a día de hoy no se parece en absoluto al gran directivo que era”.

En este ejemplo bien real, se ve como la aceptación y la resignación juegan sus cartas en cada persona.

El antiguo cliente mío optó por la aceptación, es decir, adaptarse a su nueva realidad independientemente que estuviese de acuerdo o no con su despido. Se puso manos a la obra creando ideas, analizando escenarios, contactando personas, preguntando, informándose y buscó ayuda externa para aclarase.

Su amigo sin embargo, optó por la resignación, la negación, el no aceptar que se había terminado una etapa y debía comenzar otra. 

Prefirió caer en la ira, la frustración, dejarse dominar por su ego, saboteadores y creencias limitantes. Cayó en la trampa de la crítica y la bronca de no querer salir de la zona mediocre.

Y todo esto lo llevó a resignarse durante estos años y convertirse en “un muerto en vida”.

En las palabras de mi antiguo cliente cuando hablaba conmigo, se desprendía mucha tristeza por su compañero, porque la resignación se había llevado a ese SER emprendedor y activo que compartió durante tres décadas en aquella empresa multinacional.

Aceptar es tomar consciencia de lo que ocurre cuál es la nueva realidad, de modo que comiences a moverte para cambiarla si no te gusta.

La aceptación es la mejor actitud que puedes para darte cuenta de que algo no va bien, que hay un problema y es necesario cambiarlo para avanzar y crecer.

Se dice que la aceptación es el primer paso para cambiar. Sin embargo, la resignación es todo lo contrario, es darle la espalda a la nueva realidad, aferrarte al pasado y rendirse a traspasar tus propios límites y morir en la zona de la mediocridad o confort.

Si quieres cambiar, crecer o trascender; primero deberás aceptar tu realidad para luego cambiarla e ir a por lo que quieres y deseas.

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